Dale suave y ponle aceite bueno...

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Recientemente mi pasola (vehículo que uso para ahorrar gastos) que me ha sido pro- vista por el cielo para moverme aqui en la tierra tuvo un desperfecto mecánico. La lleve al taller porque el molestoso ruido que provocaba el problema ya me estaba cansando, luego de una hora y unos minutos de reparaciones y cambio de piezas a mano del medico pasolero, los cuales aproveché para recostarme en una sillita y tomar una siestecita, el mecánico comunica que mi carro de dos gomas y un asiento está listo para tomar las calles veganas.
Subo a mi económica montura y la enciendo, pero antes de marcharme el mecánico me dice lo siguiente “Dele suave los primeros días y solo échele aceite bueno”. Me parecieron muy atinadas las recomendaciones del doctor pasolero y mientras iba manejando me quede cavilando en esas palabras, en realidad he estado pensándolas toda la semana. Confieso que analice escribir un artículo sobre eso, me imagine escribi- endo algo como lo siguiente.

Muchas son las personas que inician la vida cristiana con una rapidez digna del mejor corredor olímpico, olvidan que esta es una carrera de resistencia y no de velocidad, son miles los que deambulan por las calles con cierto conocimiento bíblico y una vez fueron miembros destacados en alguna congregación ¿Qué paso? Sencillo, corrieron rápido, comieron alimento fuerte cuando debieron poner en práctica el consejo de hebreos 5:12-14. Comer alimento suave y luego algo más fuerte.
Corrieron tan apresurados y sin preparación que en la primera valla cayeron y no volvieron a ponerse en pie. No le dieron suave, no gatearon como los bebes, quisieron volar sin tiempo y por eso cayeron al vacío. Pero estos no son los únicos que están en dificultades, hay muchos otros cuyo inconveniente es
el aceite que están consumiendo, solo les interesa mantenerse en pie, no les inquieta el alimento que reciben. Viven expuestos a argumentos erróneos, exegesis flojas e interpretaciones emocionalistas que no llevan a ningún lado, pero eso poco inte- resa mientras estén recibiendo aceite para ellos es irrelevante su calidad.
Nuestro gran y sabio Mecánico Celestial está con- stantemente aconsejándonos que los inicios sean lentos y suaves. La rapidez llega con el en- trenamiento. Nos recuerda que debemos
nutrirnos del mejor aceite, no consumir aceite emanado de carnales o lobos disfrazados de ovejas, sino aceite suministrado de la misma palabra
de Dios. Si vamos rápido caemos, si no usamos aceite de la mejor calidad se detiene el motor. Escu- cha al mecánico, sigue el consejo, “dale suave y ponle aceite bueno”


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