HABLEMOS DE FAMILIA...

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           El 23 % de las mujeres que dan a luz en los hospitales dominicanos son adolescentes. Cada 24 horas se producen en el país un promedio de 20 ataques sexuales. Mensualmente se producen más de 600 violaciones a menores. Para el mes de Julio de este año 51 mujeres habían sido asesinadas por sus parejas. Se realizan 20,000 denuncias de agresiones a mujeres por año. Somos el sexto país del mundo donde más hombres se suicidan tras matar a su pareja.

¿Por qué?, ¿Cómo llegamos a este punto?, ¿De quién es la culpa? Las respuestas se encuentran en el núcleo más pequeño de la sociedad “la familia”. En ella se crea la conciencia social del ciudadano, en ella se imparten las primeras dosis de educación y se le da carácter y perfil ético a cada uno de sus miembros. Es en la familia donde se pronuncian las primeras palabras que asimilamos aun sin nacer. En ella se le da el valor a la mujer, valor que esta luego proyectará en la sociedad. Puedo seguir enumerando decenas de responsabilidades que nacen en el seno familiar, pero limitare este escrito para que reflexionemos en el contexto bíblico de la familia.
                En los tiempos bíblicos la familia era el centro de la sociedad, había una conexión total entre sus miembros. Cada integrante conocía sus obligaciones y responsabilidades perfectamente descritas en la ley.
                El padre no se limitaba a proveer, era un sacerdote que ministraba a su familia y ofrecía sacrificios a Dios por ella. Declaraba bendición sobre sus hijos y Dios respaldaba estas palabras, honraba a su esposa y cuidaba de ser ejemplo a sus hijos, consciente de que estos serian perpetuadores de su nombre. La madre más que una simple ama de casa, era la consejera de las más jóvenes, velaba por la imagen de su esposo y sus retoños. Y honraba a su esposo en medio de la comunidad, hacia labores y sellaba su dedicación con el silencio.
Los hijos más que adornos, eran apoyo para los padres en las labores diarias del hogar, eran poseedores de un legado familiar, si incumplían el nombre de su familia estaría en juego. Su deber consistía en honrar a sus padres algo de tanta relevancia para Dios que el único mandamiento con promesa radicaba en esta acción, el mismo Dios garantizaba larga vida para los hijos obedientes.
Es cierto que el mundo ha cambiado y también los tiempos, lamentablemente esa alteración ha sido perjudicial al núcleo familiar  que ha tomado aquello que no debería y aceptado lo que se debe rechazar imitando conductas viciadas y pecaminosas. Hagamos un alto y reevaluemos cuales son los modelos que estamos adoptando en nuestros hogares y si el centro de nuestra familia no es Cristo, entonces no hay diferencia entre nosotros y el mundo, por lo que no deberíamos sorprendernos si los datos del primer párrafo se extreman y prolongan.


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