BAJO SUS ALAS

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Llegaron llenos de deseos de trabajar y en sus rostros se dibujaba una sonrisa cada vez que hablamos con ellos, a pesar de no hablar su idioma. Trabajaron en nuestros sueños como si fueran de ellos y se esforzaron al máximo por hacerlos realidad. El sol imprudente y caliente no demoraba la labor y al final fue vencido, cuando en forma imponente se cobijaba el templo, gracias al esfuerzo de este grupo de Carolina de Sur, EE.UU.  y todos los grupos que han pasado por esta construcción, pero si de algo estamos seguros es que aún falta mucho por hacer.




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