PRIMERO DE MUCHOS

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Estando en el seminario siempre pensaba en como seria estar al frente de una iglesia, como seria estar en la posición de ser uno mismo quien tome decisiones, de ser el que dirija toda una congregación. Me imaginaba teniendo varios años al frente de una obra, haciendo amistades con los miembros, predicando todos los domingos, caminar por las calles y deteniéndome a saludar, me imaginaba dando media vuelta cuando alguien reclamaba mi atención con solo pronunciar ¨Pastor¨.

Todo esto ya no lo imagino, ya no lo sueño, ahora lo vivo, lo siento y ahora lo comparto, lo comparto porque el 27 de julio, El Señor permitió que cumpliera mi primer año de estar al frente de esta iglesia, sin lugar a dudas un año de muchos retos, grandes desafíos, fuertes responsabilidades, pero lo mejor de todo, un año contando con el respaldo de Dios.

Ahora me detengo a pensar seriamente en todo lo que ha pasado en este año, en todo lo que he visto y sentido; me doy cuenta que hay cosas que nunca las imagine, he encontrado ciertos detalles que los pase por alto cuando soñaba con mi nirvana ministerial. Cosas que tú no las planificas pero se dan y son partes inseparables de este proceso. Si me preguntaran que ha sido lo que más ha impactado mi vida en este año, sin temor responderé que la relación con la gente, la forma en que la gente te trata y te brinda su apoyo y se identifica con la imagen del pastor, el hecho de ser una persona en medio de una comunidad que aporte soluciones y que transmita paz a través de las palabras y las acciones.

En términos negativos diría que el tiempo, sí el tiempo, este nunca es suficiente, siempre falta, son tantas las cosas que he querido hacer pero el tiempo parece que está en mi contra y avanza implacablemente con rapidez. A esto se agrega la soledad del ministerio y cuando hablo de esto, me estoy refiriendo a un tema bastante conocido por los ministros, esa soledad que es más profunda cuando estas levantando una iglesia desde cero y que se complementa con el estado de soltería.

A pesar de todo, puedo levantar mi voz y declarar que este ha sido un año de victoria, de éxitos y que esta obra crece en términos cuantitativos y cualitativos. Agradezco a Dios por su fiel compañía, su presencia, sus cuidados, ¡Gracias Señor!; agradezco a todos los que apoyan esta obra con sus oraciones y sus aportes, en especial a los misioneros Mitchell y Deborah, ¡Gracias familia Martínez!

Dios les bendiga a todos y declaro que aun nos queda mucho por hacer.



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